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Expulsión amañada

Raymundo Riva Palacio


El Financiero

Algo no está bien aunque parezca correcto. El jueves pasado el gobierno de México declaró persona non grata al embajador de Corea del Norte, con lo que, afirmó la Secretaría de Relaciones Exteriores, expresaba su “absoluto rechazo a su reciente actividad nuclear, que significa una franca y creciente violación del derecho internacional y representa una grave amenaza para la región asiática y para el mundo”, particularmente para países aliados como Japón y Corea del Sur. El embajador Kim Hyong Gil respondió que la acción era “ignorante” y que el desacuerdo sobre el programa nuclear era un tema de Estados Unidos que “nada tenía que ver con México”. La acción tuvo poca repercusión porque el sismo, horas después del anuncio, atrajo por completo a la opinión pública y a la sociedad política. Pero la duda existe: ¿por qué aprobó el presidente Enrique Peña Nieto su expulsión?

La explicación oficial es tramposa. De haber sido consistente la política exterior mexicana, como explicó el subsecretario de Relaciones Exteriores, Carlos de Icaza, el gobierno de México se habría mantenido, como hasta el jueves pasado, neutral. La expulsión del embajador norcoreano rompió la neutralidad y lleva a pensar, cuando menos para efectos de argumentación, que el gobierno peñista le quiso hacer un favor a Estados Unidos, enfrentado directamente con el régimen de Pyongyang, o a China, donde la rebeldía de su aliado le está mermando respeto internacional al no estar pudiendo contenerlo. En este caso, cuando menos, la política exterior es inconsistente e inexplicable.

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