Asociados en prensa

Los inocentes

Gustavo Mohar


Excélsior

Dentro de las múltiples y muchas veces desoladoras facetas que tiene la migración internacional, tal vez la más desgarradora es la de los niños y niñas que acompañan a sus padres a lo largo de su jornada.

Dejar tu pueblo, tus amigos, tu cultura, tu idioma, empezar a experimentar el miedo a lo desconocido, ver la angustia de tus padres en su cara al ser detenidos por un hombre uniformado que si bien les va, les pide dinero a cambio de dejarlos seguir su camino o, lo peor, ser secuestrados en una infame “casa de seguridad” donde se ven apretujados con otros extraños que sufrieron la misma mala suerte.

¿Se imagina usted a su hijo o hija de cuatro años viviendo esta pesadilla? ¿Podemos imaginar el reto sicológico que tendrán para superar ese terror y aprender a adaptarse a otra cultura, con otro idioma, con la sensación permanente de no pertenecer a ella? ¿Qué sentiría usted si es detenido en su trabajo, esposado, fichado y puesto en un camión para ser “deportado” a su país dejando a sus hijos atrás? ¿Se imagina la angustia de sus hijos y su esposa?

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