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El socavón de las placas de Morelos

Marco Provencio


Milenio

Hay impuestos buenos e impuestos malos, no en el sentido de que gusten o no a los contribuyentes, en cuyo caso solo habría de los segundos, sino en términos de su eficiencia económica y de su pertinencia social. Veamos.

Un buen impuesto debe ser fácil de administrar y difícil de evadir, aplicable universalmente y preferentemente progresivo en su estructura, transparente y cierto en su monto, y flexible para ajustarse con sencillez a circunstancias cambiantes. El impuesto a la tenencia o uso de vehículos era uno de esos impuestos, hasta que en 2006 el candidato del PAN a la Presidencia de la República decidió darse un chapuzón en las arenas movedizas del populismo; prometió eliminarlo de ganar la elección, y hacia el final de su sexenio, cumplió

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