Asociados en prensa

¿Un agravio más?

Eduardo Guerrero


El Financiero

En cierto sentido es paradójica la reacción que causó la más reciente actualización de la lista de “nacionales especialmente designados” de la OFAC, la agencia del Departamento del Tesoro de Estados Unidos encargada de imponer sanciones a individuos y empresas de otros países. La agencia y el listado operan principalmente para combatir el terrorismo internacional. No obstante, en materia de combate al crimen organizado hacen, en buena medida, lo que podría considerarse una buena práctica. A diferencia de la DEA, la OFAC no propicia violencia mediante aparatosos operativos policiales de captura, ni genera grandes costos presupuestales y sociales mediante el encarcelamiento masivo de los criminales de narcomenudistas y otros criminales de bajo rango. Por el contrario, la OFAC –en principio– le pega a los grandes delincuentes ahí, donde más les duele, en el bolsillo, y desenmascara redes de corrupción al más alto nivel. Con su última designación de mexicanos, la OFAC probablemente dio un golpe importante a uno de los principales operadores del crimen organizado en nuestro país (Raúl Flores, El Tío).

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